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Ku Klux Klan

El regreso velado del Ku Klux Klan

El mundo es un autentico polvorín. A la resaca de la crisis financiera internacional -en el primer mundo, claro-, que está pidiendo a gritos una tonelada de aspirinas para un dolor de cabeza que aún parece se prolongará en el tiempo, se une la guerra en Siria, la crisis en Irak, el conflicto en Gaza, los desvarios del Estado Islámico, el veto ruso a la OTAN y la Unión Europea por la crisis ucrania… por no hablar del chola y las siempre imprevisibles inclemencias climatológicas, entre muchas otras cosas, a cual más terrible. A ello se suma un renacimiento de la escalada racial en los EEUU que recuerda a los años sesenta del pasado siglo, cuando Malcom X y Martin Luther King se convirtieron en líderes de masas y los Panteras Negras hicieron del puño cerrado y el hermetismo frente a los blancos sus estandartes. Algo que siempre ha estado latente, a pesar de que en el despacho oval, cosa antaño impensable, se siente un afroamericano.

En las últimas semanas se ha recrudecido la violencia racial y las protestas en suelo yankee debido a la actuación de varios policías, sin duda desmesurada, cuando un criminal, en Ferguson, un suburbio de San Luis, en el Estado de Misuri. lodo empezó el pasado 9 de agosto, cuando el joven afroamericano Michael Brown, de 18 años, fallecía tiroteado por el policía Darren Wilson tras robar en una tienda. El suceso podía haber pasado de puntillas, como otra tragedia más, apenas sin repercusión mediática, pero la indignación ante lo que los ciudadanos de la ciudad -cuya mayor parte de la población es negra, mientras que los cuerpos de seguridad están formados casi exclusivamente por blancos- consideraban un crimen racial, provocó una auténtica furia en las calles, unas revueltas que llevaron a que el gobernador del Estado, Jay Níxon, declarase el estado de emergencia y el toque de queda nocturno, no tardando en pronunciarse la mismísima Casa Blanca. Unos disturbios que recordaban, y mucho, tiempos pasados, cuando la policía estadounidense, en su mayoría blanca, golpeaba y disparaba sin titubeos a los manifestantes de color que reiv indicaban mayores derechos, mientras muchos seguidores del tan manido American way of Life los consideraban ciudadanos de segunda, cuando no algo peor. Antes que Brown, la llama de la polémica prendió con la muerte por asfixia del joven negro Erie Garner por una llave de estran-gulamiento en Staten Island, Nueva York, después de que fuera detenido al parecer por vender cigarrillos de forma ilegal. El campo estaba abonado para que se produjera el desastre. No hay que olvidar que en 2013 se cumplían 150 años de la abolición de la esclavitud gracias a Lincoln, decisión que le costó muy cara al presidente.

Michael Brown

Una historia muy reciente que todavía se palpa en muchas zonas del Sur, en esa America profunda pantanosa y desangelada -que tan bien recrea la serie Trae Detective- donde la bandera sureña aún luce en algunos establecimientos y domicilios y el aire de odio del viejo Ku Klux Klan todavía puede respirarse -ver Autopsia a los hechos-. Las protestas en Ferguson alcanzaron cotas de extrema violencia y se tuvo que recurrir incluso a la guardia nacional. Jayson Ross, uno de los líderes de la revuelta, declaró a la agencia Assodated Press en referencia a la policía que ‘‘Ellos tienen armas, nosotros tenemos armas, estamos listos”. Las cosas parecieron calmarse cuando el capitán .Johnson, un policía de color, fue enviado al lugar. Pero la violencia continuaba; Ferguson se convirtió en una verdadera batalla campal que se reavivó cuando la familia del joven fallecido solicitó una segunda autopsia privada que sacó a la luz que Brown había recibido hasta seis impactos de bala, cuatro de ellos en el brazo derecho v dos en el cráneo. El 25 de agosto se celebraba un multitudinario funeral en su memoria en la iglesia baptista Friendly Temple Missionary, que vio sobrepasada su capacidad.

Pero la muerte de Brown no fue el único suceso trágico que revolucionó las calles de Misuri, mientras los disturbios se apoderaban de la zona a pesar del toque de queda. Apenas unos días después era abatido en San Luis otro afroamericano tras hacer frente a un par de policías -y después, al parecer, de haber robado en un supermercado-, siendo disparado hasta en doce ocasiones, una escena que fue grabada en móvil por un testigo v que ha conmocionado a medio mundo.

Los policías aseguran que la víctima blandía un cuchillo pero en el vídeo no se aprecia el arma blanca. Aún llevándola v amenazando a los agentes, la respuesta de éstos fue desmesurada, quizá fruto de la fuerte tensión que se vivía esos días. No era extraño por tanto que Obama enviara al fiscal general y jefe del Departamento de Justicia de los EEUU, Erie Holder, afroamericano, para supervisar la investigación del FBI y calmar las más que revueltas aguas.

Michael Brown

SUPREMACÍA BLANCA

Las protestasen San Luis han hecho que se pronuncien también aquellos que consideran a la comunidad negra una amenaza a su modo de vida, aprovechando la confusión para echar más leña al fuego de la segregación racial. Así, el Ku Klux Klan -KKK-, la organización nortamericana con más crímenes racistas a sus espaldas, que en los últimos años ha dado poco que hablar y que, por suerte, no cuenta con el poder de décadas atrás, salió de su madriguera para unirse a la colecta  en apoyo de Darren Wilson, el policía que acabó con la vida de* Brown. La iniciativa partió de Internet y aunque se ha convertido en foco de insultos y duras críticas, ya contaba a finales de agosto con casi trescientos mil dólares recaudados. La colecta tuvo lugar entre los días 23 y 24 de agosto en la ciudad de Sullivan (Misuri), y fue impulsada por miembros del KKK de tres Estados americanos -a través de diversas organizaciones como el grupo New Empire Knighfs-, quienes, según EFE, explicaban así su actuación: “Con el estado policial en Ferguson, vamos a celebrar nuest ro evento para recaudar fondos en Sullivan”, con donaciones a partir de 10 dólares, “para el policía que hizo su trabajo contra el criminal negro”.

El país parece estar dando un salto hacia atrás en cuanto a derechos civiles, y es que el temible nombre del Ku Klux Klan ya salió a la palestra en 2012 cuando se acusó a miembros de la organización racista de haber provocado graves quemaduras a la afroamericana Sharmeka Moffitt. A pesar de que, cuando llamó a la policía describiendo que había sido atacada por tres hombres con capuchas blancas, en el automóvil de la mujer estaban escritas con pasta de dientes las siglas KKK, que hicieron que se desatara el escándalo y numerosos medios de comunicación estadounidenses publicaran titulares
como “El regreso del Ku Klux Klein”, lo cierto es que f ue una falsa alarma. Por los alrededores de Civitan Park, en Winsboro, Luisiana, donde tuvo lugar el suceso, los agentes no hallaron a ningún sospechoso y finalmente se determinó que Moflitt había simulado el ataque, tras confirmar el jefe de policía Lester Tilomas que se hallaron las huellas dactilares de ésta en un mechero y un bote de gas para rellenarlo en la escena. Tras recuperarse de las heridas, pasó a disposición judicial.

Pero este surreal episodio no oscurece la terrible realidad: que aún hay personasen los EEUU que consideran a la población negra una amenaza a combatir, y siguen posando en fotografías con armas y sogas. Miembros del KKK y grupos neonazis se mezclan y confunden. América es un campo de batalla, queda mucho por hacer para vencer la lacra del racismo. La guerra continúa.

 

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