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LSD Entre la experiencia onírica y la psicodelia

Durante décadas el LSD ha sido motivo de controversia, de estudios científicos y no tan científicos, de viajes al son de la psicodelia y conspirativos enredos de control mental. Lleva muchos años prohibido en Occidente, pero ello no impide que, de cuando en cuando, vuelva a asomarse a la actualidad. Li última noticia relacionada con esta potente droga y sus derivados saltó a la prensa el pasado julio, alertando del peligro de una nueva droga de diseño, conocida como “La Bomba”, tras la detención de una organización en Argentina que traficaba con drogas, una sustancia que no figura en la Ley de Drogas del país pero que según los expertos “es diez veces más potente que el ácido lisérgico y puede ser mortal”.

Catorce miembros de una banda formada por universitarios -que han sido bautizados como los “narcouniver-sitarios’- pasaron a prisión preventiva a instancias de la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, acusados de traficar con estupefacientes, entre ellos la nueva sustancia, cuyo verdadero nombre es 25l-NB0Me. El 23 de junio pasado la División de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, interceptó una partida de dicha banda con nada menos que 9.980 pastillas de color rosa, con forma de la archifamosa gatita Hello Kitty, en el Centro Postal Internacional del Correo Argentino. Así, hasta incautarse en varios registros de 25.000 dosis. Cuando las pastillas fueron analizadas en laboratorio, no estaban compuestas por el celebérrimo ácido lisérgico, sino por la nueva sustancia que ya había sido detectada en Chile, “una feneilamina alucinógena que actúa como potente agonista parcial de los receptores serotoninérgicos. Este alucinógeno tiene una potencia similar al LSD, con dosis utilizadas del orden de los microgramos”, aseguró la magistrada.

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LA FASE DESUEÑO REM

Esta no es la única noticia que ha hecho que el ácido lisérgico, al que de manera semicríptiea cantaran The Beatles con su célebre “Lucy in the Sky with Diamonds”, y honrara la psicodelia de Pink Floyd o Jefferson Air plañe, salte a la palestra de la siempre cambiante -aunque cíclica- actualidad. Y es que un reciente estudio relaciona los efectos del LSD con lo que el cerebro experimenta durante la fase de sueño REM, o al menos de una sustancia muy similar, la psilocibina, presente en muchos de los llamados “hongos mágicos” como el peyote, que en su día afirmaron haber consumido rock-star» como Jim Mo-rrison. ¿Fuente de su inspiración?

A esa conclusión al menos ha llegado un grupo de investigadores que ha publicado un artículo en la revista

especializada Human Brain Mapping, encabezada por el investigador argentino Enzo Tagliazucchi, del departamento de neurología de la universidad alemana de Goethe.

A su vez, neurocientífícos del Imperial College de Londres, que han trabajado con éste, administraron psilocibina a 15 voluntarios a los que realizaron un escáner de su cerebro antes, durante y después del “viaje”, similar al que se experimenta durante un estado mental psicodélico. Las tomas fueron diversificadas en dos grupos y administradas de manera distinta, con el objetivo de comprobar cómo dicha sustancia afectaba a la dinámica v variabilidad temporal de las distintas partes del cerebro y sus conexiones.

Las conclusiones fueron varias: primero, que “la psilocibina provoca cambios químicos en el cerebro ya que su estructura es aíin a ciertos neurotransmisores”, quedando patente que los mayores cambios provocados por la draga alucinógena se producen en áreas profundas del cerebro primitivo de los humanos. Pero lo más sorprendente es que la psilocibina enriquece también los estados mentales, y es ahí donde coinciden los efectos tras la administración de la droga con las sensaciones experimentadas durante el sueño.

Tagliazucchi señala que “Configuraciones que no son visitadas nunca o casi nunca durante la vigilia normal, son visitadas asiduamente tras administrar la droga. No solamente esto, sino que la secuencia temporal en la que estas configuraciones son visitadas parece ser más rica en información.

El doctor Robín Carhart-Harris, uno de los responsables del trabajo de campo, apunta que “me ha fascinado verlas similitudes entre el patrón de actividad cerebral en un estado psico-déltcoy el patrón de actividad cuando soñamos mientras dormimos”.

Los neurocientífícos comprobaron cómo, después de administrar la droga, la actividad en el hipocampo se dispara y comienza a fluctuar, lo mismo que ocurre durante el sueño REM. Igual de sorprendido se muestra su colega David Nuil, uno de los mayores impulsores de la experimentación con drogas psicoactivas, quien afirma que la investigación con este tipo de sustancias -que han servido por ejemplo en la paliación de algunos dolores crónicos, como los experimentados durante la llamada cefalea en racimos-, es muy complicada por dos motivos: “primero, porque muchas son sustancias ilegales y, segundo, hay que obtener la aprobación del comité de ética legal para administrar sustancias clasificadas como ilegales a individuos”. En el mismo sentido se manifiesta Tagliazucchi, que defiende la experimentación con psicodélicos porque debemos “entender que varios estudios clínicos demuestran su potencial para tratar trastornos depresivos y de ansiedad, entre otros”.

UN MAL “VIAJE”

Quizá el hecho de que hoy sigamos escuchando la palabra LSD con recelo, e incluso con temor, se deba a los excesos en el uso de dichos alucinógenos en los años sesenta por músicos, artistas y hippies, y principalmente por la utilización clandestina que hicieron de ella los servicios de Inteligencia yankees  en algunos de sus más oscuros proyectos.
rolling stones lsdLa experiencia de muchos famosos con el ácido lisérgico y los hongos tampoco ha sido tan maravillosa como nos la han pintado, sólo hay que recordar al gran compositor de los primeros discos de PinkFloyd Syd Barrett, quien literalmente perdió la cabeza, dicen, por abusar del ácido. Otras no fueron tan traumáticas, pero rozan el surrealismo. Precisamente hace unas semanas se publicaba una biografía de Mick Jagger, escrita por el periodista Philip Norman. En ella, escribía la sensación que tuvo el frontman de The Rolling Stones durante su primer “Viaje” de LSD; según el testimonio de quienes le acompañaron en esa experiencia, entre ellos su novia de entonces, Chrissie Shrimpton, “vio la cabeza del duque de Edimburgo clavada en una pica medieval mientras recorrían en coche una ruta pegada a un abismo de más de 100 metros por una carretera de montaña”.
De todas maneras, si yo fuera Philip Norman me andaría con ojo con respecto al tema del ácido lisérgico y el señor Jagger. En los años 60 ya el tabloide sensacionalista británico News of the World publicó que éste era un adicto al ácido, y Jagger, ni corto ni perezoso, les denunció por difamación. Aquello le costó caro a la banda, pues precisamente un topo del periódico fue quien dio el chivatazo a la policía permitiéndoles realizar una redada histórica en la casa de Keith Richards en Redlands, Sussex (Inglaterra), donde se encontraron sustancias de todo tipo, heroína, marihuana y, claro… ácido.

Leyenda o realidad, hoy quizá “Sus Satánicas Majestades” acaben tomando LSD para paliar los achaques de la senectud. Y es que más de cincuenta años sobre los escenarios han de pesar. Quién sabe, dentro de poco es posible que escuchemos a más de uno decir eso de “Drogué que me soñaba”.

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