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Pripyat

Pripyat [Ucrania], la ciudad de las sombras

El 26 de Abril de 1986, el reactor número 4 de la planta nuclear de Chernobyl sufre un sobrecalentamiento y explota. En apenas tres horas, los 50.000 habitantes de Pripyat son evacuados. Desde entonces, nadie ha regresado.

Lo ocurrido en este rincón de Ucrania, muy cerca de la frontera con Bielorrusia, jamás debía haber sucedido. Aquella mañana de abril la joven ciudad de Pripyat se libró de milagro de que el desastre fuera aún mayor. La explosión del reactor número 4 déla cercana central de Chernobyl, en la que prácticamente trabajaban la mayor parte de sus habitantes,  motivo por el cual fueron levantados los primeros edificios de la joven urbe en 1970, liberó una carga radiactiva hasta quinientas veces superior a explosiones como, por ejemplo, la de Hiroshima. Es el único accidente de este tipo al que se le ha colgado la terrible etiqueta de “nivel siete”, el más alto y grave en la escala INES -Escala Internacional de Accidentes Nucleares-. Para que nos hagamos una idea el terrible accidente en la central de Fukushima, en Japón, pasó del 4 al 5, y finalmente al 7 en dicha escala, pero con la salvedad de que el material radiactivo liberado a la atmósfera ha sido, según estiman los expertos, un 10% del liberado en Chernobyl. Vamos, una bestialidad que, como advertía unas pocas líneas atrás, pudo ser mayor, de no ser porque ese día los vientos soplaban en la dirección correcta, y evitaron que la nube mortal se posara sobre Pripyat, y que en cuestión de segundos friera literalmente los pulmones de quienes permanecían ajenos a esta amenaza invisible. Invisible de no ser porque a primera hora y sin previo aviso cientos de soldados del Ejército Rojo invadieron las calles, obligando a cuanto ser humano se encontraron en su camino a evacuar la ciudad a toda prisa, y en la mayoría de los casos en contra de la voluntad de un pueblo que no era consciente de lo que se avecinaba. Los animales domésticos fueron minuciosamente sacrificados. Nada se podía hacer por ellos salvo matarlos y evitar que alguno lograra escapar a la zona de influencia del accidente, contaminado hasta los huesos.

Testimonios, de esos que generalmente no tienen rostro, hablan del incómodo silencio de Pripyat, de las sombras que recorren sus calles, de los gritos de niños…

Y así, en apenas tres horas las sombras tomaron la ciudad, y desde entonces ya nadie ha regresado. Porque las autoridades soviéticas -entonces- establecieron un perímetro de seguridad a 30 kilómetros de distancia del apocalipsis, y otro de extrema seguridad a diez de la propia central. Por eso hoyen día, salvo científicos que, protegidos hasta las cejas, investigan sobre el terreno, o militares que guarecen la zona de exclusión de miradas curiosas, nadie más hay. Es como una cápsula que quedó anclada en un momento puntual del tiempo, porque todavía hoy permanecen los símbolos de una época que ya no existe: la hoz y el martillo sobre la Casa del Pueblo, la propaganda de los líderes de entonces, la cartelería de las fiestas del régimen soviético… Y quizás el punto más sorprendente del enclave: el parque de atracciones que debía ser inaugurado apenas dos días después de la evacuación, y que ha quedado en silencio, con las barquetas de la noria balanceándose al son de un viento contaminado.

Pripyat

Han pasado 28 años desde que se desencadenó la catástrofe, y desde entonces la ciudad está vacía de vida…

Pero éste también es lugar donde la leyenda ha germinado con fuerza, y hay testimonios, de esos que generalmente no tienen rostro, que hablan de extrañas sombras que recorren la ciudad, de gritos de niños en las aulas, como si las puertas de éstas aún estuvieran abiertas para los alumnos, de extrañas luces que como fuegos fatuos recorren algunas avenidas caída la madrugada, del sonido propio del caos que se hubo de vivir en Pripyat cuando, sin saber muy bien porqué, miles de personas fueron invitadas a salir huyendo a toda prisa.

Por cierto, son muchas las veces en que se ha dicho que el significado de Chernobyl es ajenjo, el “mal” que se asoma a las páginas del Libro del Apocalipsis cuando asegura que “el nombre de la estrella es Ajenjo, y convirtióse la tercera parte de las aguas en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas porque se habían vuelto amargas”. Porque si bien es cierto que no ha habido un suceso más cercano al apocalipsis, tampoco hay que vestir de misterio algo que no lo tiene, más allá de la falta de claridad que continúa rodeando a un accidente de estas dimensiones. Y por cierto, el significado real es “hierba negra” en este caso una especie de premoción de cómo ha quedado el entorno de esta tierra vacía de vida; de esta ciudad de sombras…

 

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Un comentario

  1. Una historia escalofriante…..

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